5.11.17

Joan Miró



Miró se hizo artista en condiciones francamente adversas. Era en primer lugar esa oposición que casi todo artista sufre cuando desatiende la exhortación paterna a tomar una posición respetable y segura. Pero era también la hostilidad de un mundo artístico envejecido, encerrado en su academicismo, que se enfurecía con una juventud que comenzaba a salirse de las casillas. Nacido en 1893 en Barcelona, Miró pertenecía a una generación que tuvo que vérselas con los ismos del siglo XIX, una generación que había liberado a la pintura de la tarea de reproducir objetos reconocibles. Cuando Miró se disponía a abrir la puerta del mundo artístico, el cubismo se había encargado de descomponer y reconstruir la imagen pictórica y su tema. Por otra parte, el dadaísmo había volado por los aires toda definición de arte, y el fauvismo había cesado de mostrar la naturaleza con la ayuda del color, para mostrar el color con la ayuda de la naturaleza. Dicho brevemente, el mundo académico se encontraba en la línea de fuego, y ya estaban tomando posiciones las líneas enemigas.

Los jóvenes artistas tenían que tomar partido, y a la vez encontrar su propia identidad artística. La guerra entablada en el mundo artístico era una copia en miniatura de la decadencia institucional y de la lucha por un nuevo orden en el equilibrio político del mundo. Baste un solo ejemplo: en España hubo 44 cambios de gobierno entre 1898 y 1923.

Joan Miró tuvo muy clara desde un principio su identidad nacional, al contrario que su identidad artística. Era catalán, no español. Su padre era un orfebre y relojero terraconense, y su abuelo, de quien recibió el nombre, había sido herrero. El padre de Miró abandonó el pueblo para trabajar de orfebre en Barcelona, donde abrió un próspero negocio. El abuelo materno de Miró, al que Joan no llegó a conocer, era un carpintero de Palma de Mallorca. Pero aunque era analfabeto y solo hablaba el mallorquín, consiguió pasar de ser ayudante de carpintero a propietario de una próspera empresa. Apasionado de los viajes, llegó una vez a Rusia en tren, «lo que en aquella época era de mucho mérito».